Bajo una persistente lluvia, y después de soportar un tremendo atasco en la carretera de Colmenar y varios accidentes uno de ellos grave a 130 km de Madrid, dejamos la N-I un poco después de Aranda de Duero y llegamos a Hontoria de Valdearados .casi tres horas y media después de partir, cuando en hacer este recorrido se debe invertir unas dos. Encontramos un lugar tranquilo y salimos a “estirar las piernas y patas” respectivamente, ya que era la primera vez que teníamos una nueva compañera de viaje: nuestra perra Mara a la que habíamos adoptado 15 días antes. Durante todo el trayecto, sin descanso, no había dicho nada, sencillamente se acurrucó a los pies de los chicos y permaneció echada hasta que le dimos la “voz” de paseo. Primera prueba superada con éxito. Ahora quedaba la segunda: dormir, así es que después de cenar nos fuimos acoplando. Ella eligió un rinconcito debajo de nuestra cama, aunque en los días siguientes lo varió para acurrucarse entre los asientos del conductor y coopiloto.
De la noche destacar la persistente lluvia y que cada vez que Mara pensaba por nuestros movimientos que nos íbamos a levantar, ella, después de sacudirse, se acercaba a la cabecera de la cama moviendo el rabo como una loca, y en un espacio tan pequeño era inevitable que diera con algo, por lo que producía un ruido igual que el conejito “Tambor”.

29 de octubre: Clunia y la Sierra de la Demanda

Una mañana brillante y resplandeciente nos dio los buenos días. El aire estaba limpio y transparente y la temperatura era muy buena, así es que después de desayunar iniciamos nuestro viaje hacia Hacinas parando antes en un pinar en busca de níscalos, que no encontramos. Pero el paseo fue delicioso: la neblina ascendía desde suelo y se mezclaba con los rayos del sol y las finísimas gotas de vapor, todo enmarcado en una impresionante masa de pino verde y jara, con el olor a humedad y tomillo. Muy hermoso. Sólo faltó haber encontrado níscalos. Y Mara estrenó su libertad: la quitamos la cadena. Apenas se separaba de nosotros, nunca nos perdía de vista y esta atenta a todo. Estupendo.

Nos detuvimos en Caleruela a repostar Gas-oil y una señal nos desvió de nuestro destino inicial para dirigirnos a Clunia, que tras unos pocos kilómetros aparece en lo alto de un cerro que domina una impresionante llanura y que en su tiempo llegó a tener hasta 10.000 habitantes.. Lo primero que se ve a nuestra izquierda es el teatro, que conserva parte de su graderío, construido aprovechando el desnivel del terreno. Continuamos un poco más arriba hasta el aparcamiento donde dejamos la camper y comenzamos disfrutando de algunas casas con unos mosaicos impresionantemente bonitos, para seguir por el foro y templos, pasear entre las ruinas de lo un día fueron las termas y terminar en su teatro, bajando por sus gradas hasta el centro del escenario.

La salida
La siguiente parada fue en Hacinas en donde en su plaza se puede contemplar los restos de 3 árboles fósiles llevados allí por algunos vecinos, y su “picota” o “rollo”, como lo llaman por estas tierras. Dejando atrás la señal que nos llevaba a Santo Domingo de Silos, visitado unos años atrás, pusimos rumbo a Salas de los Infantes, a la Iglesia de Santa María que conserva a la izquierda de su altar, y según la tradición, una urna que contiene los restos de las 7 cabezas de los Infantes de Lara. El interior de esta pequeña iglesia es una preciosidad y merece ser visitada, no sólo por la curiosidad de contemplar esta urna que parece unirnos extrañamente a la historia o leyenda y a la literatura, sino por ella misma, por disfrutar de la sencillez y armonía que se respira en su interior. Tuvimos suerte: estaba abierta porque un matrimonio estaba celebrando sus bodas de oro. Si no, hay que ir a la Oficina de Turismo.

Aquí comenzó nuestro breve itinerario por la Sierra de la Demanda, comenzando por visitar la Picota o Rollo de Barbadillo del Mercado, para continuar por una estrecha carretera hacía Vizcainos, deteniéndonos antes, y junto a un río a comer. La carretera asciende suavemente entre un paisaje que de pronto parece haber estallado en distintos tonos verdes, y es que hasta hace 20 días nos había asolado una pertinaz sequía y estas últimas lluvias habían transformado por completo un paisaje seco donde predominada el amarillo por otro con colores y tonos más típicos de una extraña primavera, si no fuera por los tonos dorados y rojos de las hojas de los árboles.

Tras una curva, aparece en lo alto de una pequeña loma la iglesia románica de Vizcaínos de la que destaca su esbelta y sencilla torre cuadrada de tres cuerpos. Una galería porticada de tres arcos se asoma hacia el sur.. El color rojizo de la piedra contrasta con los tonos mas suaves y claros de las casas de alrededor.


Dejamos atrás vizcainos para dirigirnos hacia Jaramillo de la Fuente sumergiéndonos en un denso bosque de robles entre los que se abría paso la carretera. Este pueblo aparece en un delicioso lugar como “sostenido” entre suaves montañas y en el centro. Pero al margen de estar en un precioso lugar, su iglesia románica es una auténtica joya que justifica por sí misma el viaje. El pórtico presenta siete arcos apoyados en columnas dobles de una elegancia y sencillez exquisita. Su sacristán apareció enseguida para abrirla y mostrar su interior. Se parapetó tras la mesa del altar mayor, sacó unos papeles doblados y con la sencillez característica de las gentes de estas tierras comenzó la explicación de todo lo que guardaba en su interior. Destaca un retablo románico de transición al gótico y una impresionante pila bautismal. Recorrimos después sus calles para acercarnos a su rollo o picota y partimos hacia Barbadillo del pez cuyas casas porticadas apoyadas en vigas de madera, se abren a la calle principal por la que pasamos de largo decidiendo dirigirnos hacia Barbadillo de los Herreros y Monterrubio de la Demanda, éste último pueblo rodeado de unos impresionantes bosques de hayas y robles. La limpieza del aire aumentaba la intensidad de la luz y del verde recién estrenado tras unas copiosas lluvias. El color blanco de las ovejas merinas dispersas como puntos contrastaban con este verde intenso creando una imagen de postal Continuamos nuestro camino hacia Huerta de Arriba en donde, cansados ya de tanto ir y venir, bajar y subir, decidimos dar un paseo por un prado junto a un río y tentar a la suerte buscando setas de cardo. Como era de prever, el paseo resultó agradable, pero de setas, nada. Decidimos ir hacia Neila a pasar la noche, dejando el recorrido por Tolbaños de Arriba y Huerta de Abajo al parecer con dehesas de robles impresionantes, para otra ocasión. Neila aparece rodeado de una corona de verdes montañas en un precioso paraje. Atravesamos sus calles y junto a un campo de futbito y un hotel encontramos un tranquilo lugar para pasar la noche.


30 de octubre. Tierra de Pinares: Quintanar de la Sierra, Regumiel y Palacios



El día se presenta cubierto y nubes grises cubren las cimas de las montañas que rodean Neila. Nuestra intención es subir a las lagunas y encontramos la desviación a la derecha a unos kilómetros del pueblo. Casi hacia la mitad hace acto de presencia una densa niebla que no nos abandona. Dejamos la camper en un aparcamiento y continuamos a pie por una estrecha carretera. Bajan un par de turismos y al poco tiempo nos pasa una capuchina, así es que como desconocemos cuánto nos quedará de ascensión, David y yo bajamos a por la camper y subimos en ella hasta el final. La densa niebla no se ha disipado y un aire frío cala hasta los huesos. Sin ver nada, y con ese tiempo, decidimos bajar y dejar la visita a estas lagunas para otra ocasión más afortunada. Bajando hacia Quintanar de la Sierra nos encontramos con una pequeña concentración de caravanas y autocaravanas en un sitio privilegiado: una verde pradera rodeada del pinares junto al nacimiento del río Arlanza. Nos acercamos y conversamos con alguno de ellos y continuamos hacia el pueblo, hacía la necrópolis de Cuyacabras que encontramos tras recorrer unos 3 km de una pista forestal en muy bien estado que sale de la carretera que va hacia Neila. Este espectacular recinto aparece rodeado de una tupida masa de pinos y robles. Grupos de tumbas antropomórficas se distribuyen por toda la zona, al parecer un total de 166 excavadas en la roca. En un lateral aparecen 13 nichos, igualmente excavados en roca. El conjunto es sobrecogedor, y el entorno que lo rodea inigualable, así es que no pudimos resistirnos a continuar un precioso paseo entre estos pinares. Al regresar preguntamos por Cueva Andrés, con intención de acercarnos a este lugar, pero nos dicen que están cazando, así es que ponemos rumbo hacia Regumiel de la Sierra.

Antes de llegar aparece una ermita con una zona de “picnic”en una verde pradera rodeada de pinares. Aquí además está otra necrópolis, la de Revenga, por lo que decidimos hacer una parada. Aparece otro conjunto de tumbas atropomórficas alrededor de lo que fue la iglesia y en ésta se distingue una gran pila redonda excavada en el suelo, así como algún gravado y agujeros que al parecer eran para poner las velas. Sorprendidos por este precioso entorno que parecía más vestido de primavera que de otoño, decidimos comer para luego acercarnos al pueblo de Regumiel a ver unas huellas fósiles de dinosaurios que se encuentran al final de una calle que sale del frontón del pueblo. Pero no merecen mucho la pena, así que un poco decepcionados decidimos comenzar un tranquilo regreso, haciendo una breve parada en Palacios de la Sierra para contemplar su puente medieval, restaurado, y visitar lo que al parecer es la mayor necrópolis medieval española con 434 tumbas y 112 estelas funerarias. Pero no existe ninguna indicación para llegar a esta necrópolis que solo encontramos siguiendo las indicaciones de dos lugareñas, y la carretera es un estrecho camino asfaltado hasta la mitad, por lo que conviene dejar la autocaravana abajo y subir al cerro andando. Pero una vez allí el estado de total abandono en que se encuentra el lugar nos produjo una gran decepción ya que apenas se distinguían las tumbas, aunque sí los restos de lo que un día fue algun tipo de construcción, o la iglesia o el castillo. Justo cuando comenzábamos a descender empezaron a caer las primeras gotas de lluvia que no cesaron ya en toda la tarde y noche.

Pusimos rumbo a Hontoria del pinar con la intención de si cesaba la lluvia, hacer parte del camino del Cañón del Río Lobos por este extremo que desconocíamos, pero una vez allí, la lluvia no cesó y la oscuridad se adueñaba de la tarde a pasos agigantados así es que continuamos hacia Ucero, al propio cañón con la esperanza de encontrar alguna autocaravana que pernoctara por la zona. Y en el gran aparcamiento sólo había una caravana, pero internándonos más, antes del final de la carretera, encontramos 2 autocaravanas que se disponían a pasar la noche, así es que allí nos quedamos, bajo una cortina de agua y con el temor a que nos pudieran echar ya que, en primer lugar estábamos en un espacio natural protegido que tiene una legislación determinada, y en segundo, porque aquello era un aparcamiento provisional, no el realmente preparado al efecto que estaba antes. Pero afortunadamente tuvimos una tranquila noche.

31 de octubre: Cañon del Río Lobos, S. Baudelio y Rello

Con la luz de la mañana descubrimos que a escasos metros había otro gran aparcamiento. Cuando estuvimos aquí hace unos 10 años esto no estaba tan “preparado” y este último trozo de carretera, era entonces camino que se hacía andando. No comprendemos como hay dos aparcamientos distantes casi 1 km. Meterse en coche tan dentro de estos parajes tan especiales no es nada bueno. Pero a pesar de que era mañana gris, la lluvia de la noche había cesado y reinaba una tranquilidad absoluta. Eran tan solo las 8 de la mañana, así es que nos preparamos para dar un breve paseo hasta la ermita y para recibir agua. Pese a las últimas lluvias, el río estaba seco.
Paz, silencio y absoluta soledad. Regresamos y partimos alrededor de las 9 de regreso a casa con dos paradas previstas inicialmente: La ermita de San Baudelio y el pueblo de Rello.

Dejamos atrás El Burgo de Osma, ciudad en la que hemos estado ya dos veces, y 23 km hacia el sur llegamos a Berlanga de Duero, pasamos por Ciruela y Casillas de Berlanga Muy cerca de esta localidad, una carretera y un cartel que indica la ermita de S. Baudelio y los horarios –incluyendo que los lunes estaba cerrado- nos conducen a un edificio cuadrado de piedra que se encuentra en medio de la “nada”. Menos mal que decidimos acercarnos ya que por ser puente, se encontraba abierta. Para nada su exterior deja ni siquiera entrever lo que contiene en su interior.

Nada mas entrar lo primero que llama la atención es una columna central cilíndrica de la que salen arcos en forma de palmera irradiando los fuertes nervios que sostienen todo el techo del edificio que se dispone en torno a esta columna dotándola de cierta “ligereza” en incluso “luminosidad” ya que es un espacio más bien sombrio al penetrar la luz prácticamente solo por la puerta. Un gran arco de herradura abre al altar mayor y enfrente, a los pies, varios pequeños arcos de herradura de 2 metros de altura escasos sostienen una tribuna o coro. Todas las paredes estuvieron cubiertas de pinturas de las de las que parte se conservan allí, y otras, que fueron arrancadas, se conservan en los museos de Boston y El Prado. Todo el conjunto es único, no habíamos contemplado nada similar, no hay uniformidad, ni repeticiones, ni se parece a nada. Es un conjunto extraño, sorprendente, bello, primitivo y a la vez refinado. En sí misma, merece una visita.

Impactados aún por esta curiosa visita, continuamos nuestro regreso encontrándonos con Rello, más que curioso pueblo asentado sobre una muela, como Calatañazor, pero totalmente amurallado conservándose la mayor parte de las almenas. Accedimos a él atravesando una de las dos puertas de la muralla y paseamos por sus solitarias calles flanqueadas por sencillas casas de piedra dorada. Es un conjunto hermoso y recio. Llegamos a lo parecía ser la plaza en la que estaban trabajando y en la que pudimos contemplar un “rollo” o picota, pero de hierro, la única que hemos visto hasta ahora en este material, del XVI y del que al parecer procede el trabalenguas “el rollo de Rello es de hierro”. Salimos de la ciudad por la otra puerta disfrutando desde aquí de una bonita perspectiva de una parte de la muralla, entramos en el interior de lo que poco que queda del castillo y regresamos por la misma puerta por la que habíamos entrado. La carretera desciende dejándonos contemplar la muralla, una parte excelentemente conservada y otra, por el lado sur bastante deteriorada.

Y desde aquí, por Hambrona (yacimiento que ya habíamos visitado la pasada Semana Santa y que merece la pena) hasta casa, sin nada que destacar excepto que un accidente en Alcalá de Henares provocó un atasco que nos hizo desviarnos de nuestra ruta habitual para evitarlo.

Boadilla del Monte, noviembre de 2005.